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Dos bebés
Criar hijos con poca diferencia de edad exige amor y juego de cintura
Por Nadja Bereicoa • 28/03/2009

Si la llegada de un bebé ya da trabajo, imaginate si en casa hay otro hijo que apenas dejó los pañales y disputa tu atención con el nuevo miembro de la familia. Criar hermanos con poca diferencia de edad puede ser tan o más difícil que tener gemelos o mellizos. Además de que prácticamente son dos bebés, las rutinas son bien diferentes y serán inevitables los celos del más grande, que puede ser explícito o en apariciones repentinas de capricho, bronca, agresividad e incluso regresión. Para que las mamás puedan dividir el cuidado y multiplicar el amor, haciendo que el primogénito se sienta seguro, se recomiendan buenas dosis de organización, paciencia, cariño y firmeza - y una ayudita siempre valiosa del papá, de los abuelos y niñeras.

Para que reine la paz, será fundamental mucha organización. "Hay que establecer la rutina de los dos para organizarse mejor y alternar las funciones. Si hoy la mamá bañó y le dio la papilla al bebé, mañana debe hacer lo contrario", sugiere la psicopedagoga Lucíola Agostini, de Apprendere Espaço Psicopedagógico, recordando la importancia de incluir al hijo más grande en la rutina del menor, haciéndolo sentirse útil con pequeñas ayudas, como buscar una toalla o un pañal. Sin embargo, nos alerta que el discurso de que el otro es el hermanito no debe ser repetitivo y fastidioso. "Es necesario mostrarle que el bebé ha venido a sumar afecto, no para dividir, y que el mayor siempre tendrá su espacio", concluye Lucíola.

Por tener al bebé, que requiere muchos cuidados, los papás terminan olvidándose que el otro es mayor, pero aún es muy chico

La dentista Flávia Paranhos, mamá de Thomás, que cumplió tres anos, y de Natan, de tres meses, usa la improvisación y el cariño para administrar los celos del mayor desde el nacimiento del bebé. "Los dos primeros meses fueron los más difíciles, fue cuando Thomás demostró tener más celos. Siempre fue cariñoso con el hermano pero empezó con los caprichos y a portarse mal para llamar la atención", afirma Flávia, que adoptó una estrategia: "En vez de pelear, dejaba a Natan con alguien y trataba de estar con Thomás, sentarnos a jugar, hasta que él se tranquilizara". Al tener un horario de trabajo flexible, ella lleva adelante el día a día de los hijos con la ayuda de una niñera, encargándose personalmente del bebé y asumiendo el cuidado del otro, los fines de semana. Aunque está retomando la rutina del mayor, incluso con los paseos, le molesta no poder dedicarse a él como antes : "Me da una culpa tremenda".

Carolina Carmo, madre de una nena de dos años y un bebé de dos meses, con la diferencia de edad de un año y diez meses, optó por dedicarse más a la hija, reservando para el bebé los momentos de dar de mamar y de hacerlo eructar. Tomó esta decisión después de que la niñera de la nena se fue, un mes antes de que el bebé naciera. "No quise poner a otra persona para cuidarla, creí que no se iba a adaptar. Contraté a una niñera que cuida a recién nacidos desde hace treinta años y vengo ocupándome más de la niña, que me necesita en este momento", nos cuenta. A pesar de esto, ha tenido unos problemitas con la hija, como ataques "que parecen telenovelas" a la hora de bañarse o ponerse la ropa. "Trato de mostrarle que no logrará nada haciendo eso, aunque a veces tengo que pelearme con ella", afirma.

Para los caprichos desubicados, la psicopedagoga Lucíola Agostini les aconseja a las madres: "Un no debe ser siempre un no, porque si llegás a ceder los 'berrinches' serán peores. No sirve que la madre diga que no el día que tiene más energía y después ceder cuando está cansada", ejemplifica. Lucíola nos recuerda que los padres deben ser firmes en caso de cualquier agresión física al hermanito, en el momento exacto en que esto ocurre. En relación a la incorporación de nuevos hábitos que estimulen la independencia del niño, como la entrada al jardín y el dejar de usar los pañales, la cuna, el chupete y la mamadera, el instinto materno es lo que vale. "Los cambios pueden hacerse en el momento adecuado. Dependerá mucho de la mamá ver cómo su hijo reacciona. Si es necesario, estas transformaciones pueden anticiparse o posponerse", opina la psicopedagoga.

Cuando Miguel, su hijo más chico, tenía sólo un mes de vida, hace tres meses, la periodista Roberta Chies dejó de ponerle pañales al primogénito Eduardo, por entonces de dos años y siete meses. "Cuando Dudu (Eduardo) cumplió los dos años, empezó el jardín, y como la adaptación fue difícil, creí que no era el momento adecuado. Lo dejé más para adelante y hasta me criticaron por eso, pero en el fondo fue mejor ya que pude quitarle los pañales de un día para otro y nunca más se hizo pis encima", explica. Roberta cuenta que los celos de Dudu no son tan terribles, están presentes sólo en caprichos o pedidos de upa, que ella satisface cuando es posible. No obstante, el cansancio se hizo sentir al amamantar al menor: "Casi no tenía leche esta vez y debí complementarla con leche artificial. Sin duda, el estrés también causó esto, ya que no había tenido ese problema con Eduardo".

El estrés es algo inevitable cuando se tiene hijos muy chicos. Si no, que lo diga la dentista Flávia Paranhos. "He tenido veces, a la madrugada, que tuve a Natan prendido al pecho, mamando, sentada en la cama de Thomaz, para hacerlo dormir de nuevo", recuerda, explicando que el mayor se despierta por el llanto del bebé, lo que no ocurre más sólo porque ahora duerme en la habitación de los padres. Es al darle de mamar al bebé, según la dentista, cuando su primogénito siente más celos, y hasta llega a pedirle de mamar. Ese es un típico momento de regresión - como volver a gatear, usar chupete y hacerse pis encima - que exige mucha charla, como nos explica la psicoanalista Mônica Donetto, de Apprendere Espaço Psicopedagógico:

"Es necesario valorar las conquistas del chico de ya no ser un bebé, de haber pasado por esa etapa, y hacerle oír el discurso de que, al caminar será tan querido como el bebé que gatea", afirma Mônica Donetto, recordando, por otra parte, que no se debe precipitar un proceso de autonomía del mayor para facilitar el trabajo doméstico. Por ejemplo, si el niño nunca ha comido ni se ha bañado solo, no debe ser presionado para hacerlo. "Por tener un bebé, que requiere muchos cuidados, los padres terminan olvidándose que el otro es más grande, pero aún es muy chico", resalta. Por eso, agrega que no se debe negar hacerle upa, que simboliza protección y seguridad.

Según la psicoanalista de Apprendere, los papás deben buscar ayuda si a pesar de los esfuerzos y del tiempo, las alteraciones de comportamiento del primogénito empeoran: "El problema no puede convertirse en una bola de nieve. Hay celos que son naturales, pero pueden convertirse en algo enfermizo. Por lo tanto, siempre y cuando el niño ya haya incorporado el lenguaje, es importante que haya un seguimiento psicológico", afirma Mônica, agregando que los padres pueden ser llamados a participar. Ella subraya que, a largo plazo, la llegada de un hermano sólo puede beneficiar la formación emocional del mayor: "El niño puede sufrir al comienzo. Pero si los padres están atentos a él, sabrá manejar sus frustraciones en el futuro y volverse un adulto más realizado", concluye Mônica Donetto.



Nadja Bereicoa  




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