El otro día hablábamos de cómo la tecnología puede rescatar el verdadero papel de la educación. Perdónenme por insistir con el tema. El hecho es que el asunto parece brotar de cada conversación que tenemos en la clínica o informalmente. En rigor, estamos todos, padres y educadores, perdidos en el escenario de la invasión tecnológica. Abordo hoy la cuestión centralizándome en el descubrimiento del placer de aprender proporcionado por la interacción de la informática y de lo lúdico.
El acto de estudiar está para el niño como el trabajo lo está para el adulto. Entonces, si hay adultos que sienten placer en su trabajo, ¿por qué no podemos hacer que el niño encare el estudio como una actividad placentera? Y para ello el uso de la informática está a nuestro favor. La informática incita a la escritura y a la lectura, estimula la curiosidad y el razonamiento lógico y contempla un aprendizaje individualizado. Es un momento en el que el niño está solo consigo mismo y con sus preguntas. Lo que lo mueve es el deseo de buscar el conocimiento. La tecnología le proporciona una forma dinámica de construcción del saber, porque le agrega imagen, sonido y animaciones. Con ello, el aprendizaje se hace más interesante. Mucho más interesante, por cierto.
El cuidado que debemos tener es en orientar el uso de esta poderosa herramienta. Transformarla en nuestra aliada. Y además de esto, motivar al niño para que descubra lo interesante de la propuesta, que es justamente el placer de aprender, por estar estudiando de forma lúdica. Esto ocurre cuando los pequeños pasan a usar la computadora para pensar sobre las cosas que están en el mundo, sobre los diversos contenidos a los que pueden acceder en cualquier momento. Educar es enseñar sobre la vida por el descubrimiento, haciendo la relación con el día a día, percibiendo la importancia de lo que se aprende y el uso que se hará del nuevo saber.
Educar por lo lúdico es considerar la estrecha relación entre el placer de divertirse y aprender entreteniéndose. Funciona así: el niño responde a los estímulos externos actuando sobre los mismos para construir y organizar su propio conocimiento. Él es el agente principal de este proceso. El modo de pensar generado por la computadora está más adaptado a lo cotidiano de los niños. Es lúdico por este motivo. Y así, el deseo de descubrir se intensifica. Más el aprendiz interactúa con el medio, más se autoriza a pensar, a preguntar, a reflexionar, a inquietarse y a querer cambiar. El cambio de comportamiento es propiamente el aprendizaje.
El niño pregunta. El lugar de preguntar es el lugar de aprender, porque está entre lo que el niño sabe y lo que quiere saber. Es el espacio de la alegría. Necesitamos preservar lo lúdico para que nuestros hijos desarrollen una buena relación con el aprendizaje construyendo una auto-imagen positiva a medida que se sientan competentes, creativos y productivos. Bueno, si la computadora sirve para estos objetivos, vamos a usarla. Pero la vamos a usar de forma muy bien pensada. La gran demanda de los padres y educadores en discutir el buen uso de la informática emerge exactamente de la necesidad de formar personas comprometidas con la construcción de su saber. La novedad está en el uso de nuevas herramientas pedagógicas, cada vez más presentes en la vida de los niños, los cuales reaccionan con naturalidad a los estímulos generados por las mismas. El espacio de diálogo es fundamental frente a lo nuevo. Educar en la "edad de los Medios" no es tarea fácil, pero puede encararse con extrema alegría, siempre que dejemos fluir lo lúdico también para nosotros los adultos comprometidos y vivenciando una nueva fase de aprendizaje
Lucíola Agostini es psicopedagoga clínica, pedagoga y dinamizadora de talleres en las áreas de educación, teatro y vídeo de Apprendere Espacio Psicopedagógico.
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